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Mujeres con olor a pólvora

Por Dagoberto Arestuche Fernández

De nuevo movimientos de camiones o milicianos a pie, disparos de armas, olor a pólvora, gemidos, vidas que dejan huellas de heroísmo, escenas conmovedoras. El recuerdo tiene esa fuerza de hace 45 años en las arenas de Playa Larga y Girón, de cada rincón histórico en aquel Abril de Victoria.

El Encuentro de Mujeres de Girón impactó por el contenido narrativo de enfermeras, brigadistas sanitarias, colaboradoras en hospitales y en disímiles lugares donde fueron atendidos por igual los cubanos vestidos del azul del cielo patrio o el verde de la Sierra, y quienes hollaron este suelo con su bota traicionera y mercenaria, pagada por el Imperio yanqui.

Atrapada por el dolor, Estrella Hernández rememora el valor de Nelson Fernández, el adolescente-héroe de solo 14 años de edad, quien, destrozado por la metralla, solo pedía hielo para saciar la inmensa sed, pero jamás escuchó de él lamento o llanto. “A pesar de su grave estado, pensaba en el futuro. Fue todo un hombre”.

Elsa Herrera respira hondo, requiere aunar fuerzas para hablar de Alberto Beltrán, quien seriamente herido no reclamaba atención para él, sino para sus compañeros del frente de batalla. “Difícil era comprender su actitud. No le importaba morir y sí salvar a los demás. Era de carne y hueso, pero con valor de acero”.

El silencio es sobrecogedor, habla entonces de Fausto Díaz. “Pedía que le dieran un fusil, ‘con un solo brazo seguiré combatiendo’. En su lecho estaba con ambas piernas y una de sus extremidades superiores cercenadas por la aviación de la Brigada de Asalto 2506. Qué estoicidad”.

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