Reforestar es proteger la vida

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Por Andy Duardo Martín

Hace más de 500 años el 95 por ciento de la superficie del archipiélago cubano se encontraba protegido por una exuberante cubierta forestal.

No en vano, en mil 492, al arribar a las costas de la Isla el Almirante Cristóbal Colón no vaciló en denominarla La tierra más hermosa; sin sospechar que años más tarde se iniciaría el largo proceso de intervenciones desmedidas y usos irracionales que reducirían su potencial natural a extremos alarmantes.

Desde los albores de la pasada centuria hasta mil 959, la cubierta forestal en Cuba se redujo del 54 por ciento, a la dramática cifra de 14 por ciento. En ese período se sacrificaron con fines económicos cada año, como promedio, 70 mil hectáreas de los mejores bosques.

Actualmente Cuba exhibe más de dos millones 700 mil hectáreas de cubierta forestal, lo que representa cerca del 25 por ciento del territorio nacional.

Las estadísticas de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) ubican a nuestro país entre los pocos que incrementan su boscosidad, proceso desarrollado en la nación caribeña a un ritmo de 67 mil hectáreas anuales.

A este paso Cuba pretende alcanzar en el 2 mil 15 el área equivalente al 29,3 por ciento del país.

Si nos detenemos en nuestro entorno mayabequino el pasado y presente en materia forestal no dista de  las cifras anteriores, agravado durante el más reciente período de sequía que posibilitó  el surgimiento de incendios forestales que al final  dejó huellas en la campiña y en la economía territorial.  Entre las causas  se incluye la irresponsabilidad ciudadana.

En lo que va de año  el servicio contra incendios en Mayabeque se activó en cientos de ocasiones y aunque el sector residencial fue el de mayor impacto las áreas yermas y bosques sufrieron el embate de las llamas durante los primeros cinco meses del año.

 La negligencia de empresas e individuos y la tala oculta se mantienen como la principal causa del deterioro de los bosques en Mayabeque. La irresponsabilidad en el cuidado y preservación de esas áreas obvian que la flora es promotora de vida, fabrica oxígeno y retira el dióxido de carbono de la atmósfera, constituye el hábitat de incontables especies de la fauna, contribuye a regular el ciclo del agua y el clima, controla las inundaciones, evita la erosión y retiene el suelo fértil.

Por estas razones su protección es considerada estrategia clave para mitigar el cambio climático.

Pese a esta clara sentencia y el esfuerzo de muchos, todavía persisten quienes restan importancia a la conservación de esos pulmones del planeta, y sólo se preocupan por los dividendos que pueden sacar de las cosechas y de la explotación de los recursos naturales.

Nuestra especie, hablo de la humana,  debe estar dotada de conocimientos integrales que le permitan actuar conscientemente por la sostenibilidad del futuro. Si no hay bosques, tampoco habrá vida. Así de inexorable y trascendente es esa relación.

 

29/04/2013 01:28 mayabeque #. En Primera Persona

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